CANTINFLESCA DEFENSA
- Elián Zidán

- Oct 26, 2025
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Updated: Oct 28, 2025
Por: Elián Zidán

Dos horas y seis minutos. Sí, 126 minutos tuvo Gustavo Petro para defenderse —a él y a su pueblo— y, en cambio, decidió dar una cantinflesca clase de historia, matemáticas y geografía.
El presidente colombiano tenía la gran oportunidad de levantar la voz, aclarar dudas y mostrarse como un líder agredido y decidido a limpiar su nombre. Tenía todo para hacerlo: estaba en su terreno, en su casa, en su país y hablando en su idioma.
Pero no. Eligió el camino del enredo. Optó por hundirse aún más en un discurso confuso, con divagaciones que parecían más bien una parodia de sí mismo.
En un momento de clara rispidez entre la derecha y la izquierda, y en el peor contexto diplomático de su país con Estados Unidos, no contestó absolutamente nada que pudiera limpiar su imagen tras haber sido acusado de ser un líder del narcotráfico.
En cambio, tomó la peor de las rutas: atacar a Donald Trump.
Si optó por ese camino lleno de baches, que solo confirmó lo que muchos temían: fue una pésima decisión. La respuesta de la Casa Blanca terminó de enterrarlo; el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo sancionó, alegando vínculos con el narcotráfico y Trump envío el portaviones más moderno, grande y letal al caribe.
La entrevista de Daniel Coronell fue un gran ejemplo de lo que un periodista debe hacer. Sus preguntas fueron claras, directas, y sin miedo. Le daban al entrevistado la oportunidad de responder a los señalamientos y, sobre todo, de reivindicarse.
Pero Petro no lo hizo. Estuvo evasivo, renuente a contestar, recostado en esa silla donde se mostró incómodo las dos horas y seis minutos que duró la entrevista.
Y lo que sí hizo —durante prácticamente toda la conversación— fue desempolvar el almanaque y llevarnos en un viaje bizarro por el siglo XVI, comparando la actualidad latinoamericana con el virreinato de la Nueva España. También habló de orientación de género, de la manera más burda y confusa, y de matemáticas… solo le faltó el ábaco.
Con poca claridad y aún menos consistencia, el mandatario evadió prácticamente todas las preguntas. Las giró, las adornó y las devolvió convertidas en laberintos verbales. Cuestionó cómo debía hacerse el trabajo periodístico, pero prefirió seguir hablando —y hablando— como si el exceso de palabras pudiera tapar la ausencia de respuestas… y de contacto visual frente a la verdad de los cuestionamientos.
El lápiz que tenía en la mano dio más volteretas que la batuta de un director de orquesta. Bajó la mirada cuando la pregunta y la contrapregunta lo arrinconaban en lo evidente, en lo que él sabía que era verdad… pero no quería reconocer.
Y así, entre fechas, fórmulas y anécdotas coloniales, Petro no dio una entrevista: dictó una clase magistral de evasión.
Se negó a reconocer la usurpación de Maduro y desaprovechó la oportunidad —y la plataforma— para limpiar su honra.
Esa clase, tan confusa, tan larga y tan llena de rodeos… ni Cantinflas, en su personaje de “El profe”, la habría podido dar mejor.







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