VIOLENCIA Y MÁS VIOLENCIA
- Elián Zidán

- Sep 14, 2025
- 2 min read
Por: Elián Zidán

Escribo esta columna frente a lo que ha sido la escena de un crimen político. En medio de cintas amarillas y un gran despliegue de fuerzas del orden, no dejo de preguntarme: ¿por qué?
¿Por qué no podemos los seres humanos convivir en sociedad a pesar de tener puntos de vista distintos? ¿Por qué terminar con la vida de alguien solo porque discrepamos con su postura política? ¿Por qué seguir dividiendo aún más cuando ya vimos las terribles consecuencias?
No importa si eres de derecha, centro o izquierda: el asesinato de una persona debe ser condenado siempre. Lo que vivimos esta semana no está bien y no es normal, por más que ciertas narrativas quieran hacernos creer lo contrario.
El tema de las armas de fuego está fuera de control. Ese mismo día, mientras se intentaba asesinar a uno de los jóvenes más influyentes de la derecha estadounidense, también ocurrió otro tiroteo en una escuela.
Esto debe parar. La violencia va en aumento y cada vez es más feroz. Pero no olvidemos que las palabras importan, y ya vimos que cobran vidas.
Algo que me dejó aún más confundido fueron las palabras del gobernador de Utah, Spencer Cox, quien durante una conferencia de prensa, saliéndose del guion, dijo que oraba para que el francotirador no fuera uno de “nosotros”, sino alguien que viniera de fuera del estado o de otro país. Pensé que había escuchado mal, que el cansancio me había jugado una mala pasada. Pero no: regresé el video y confirmé que, en un momento tan delicado, el gobernador optó por echarle más limón a la llaga.
Es momento de que cualquier persona con una cámara y un micrófono —sea servidor público o no— acuda a la cautela. Ya vimos que vivimos en una sociedad reactiva, que estalla a la primera provocación.
Las palabras tienen poder. Y en muchos casos, no solo hieren: también matan.
La violencia política que hemos vivido en muchos de nuestros países comienza a perseguirnos en este, el país de las libertades, donde la Primera Enmienda parece cada vez más amenazada por la Segunda.
La violencia, sea física o verbal, solo atrae más violencia. Y debe parar. Cuándo y cómo, aún no lo sé. Pero sí sé que el respeto —de todos— el entendimiento, y la tolerancia serían un buen inicio.







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